Entrevista a Ramona de Jesús

Aún continuamos con la energía que nos dejó el Fieber Festival, y por eso, queremos compartirles la entrevista y fotografías realizadas por Justina Leston a la artista colombiana Ramona de Jesús, quien nos comparte un poco sobre ella, su participación en el Fieber y sus impresiones respecto al festival. ¡Qué lo disfruten!

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– ¿Hace cuánto tiempo estás en Berlín y por qué?

Vine a Berlín en el 2013 para terminar mis estudios de maestría en Literatura. Poco tiempo después de mi llegada empecé a trabajar para la revista literaria SAND Journal y, junto con otros poetas, a organizar diferentes lecturas y exhibiciones. El año pasado trabajé como curadora para el festival de literatura independiente “Stadtsprachen”.

– ¿En qué consistió tu participación en el Fieber? ¿Puedes contarnos un poco sobre lo que presentaste en el festival?
 
Últimamente he estado pensando en lo importante que es tener ídolos, héroes, y mentores. Deleuze por ejemplo dice que toda forma de vida tiene tres etapas: forma, simulación, y desarollo. Cuando admiramos a alguien nuestra primera reacción es imitar aquellas características que nos atraen y al hacerlo no solo las incorporamos sino que las transformamos y las hacemos nuestras. Esto último es lo que se denomina evolución. El poeta Cristian Forte ha sido no sólo un gran amigo, sino también uno de mis mentores en la ciudad. Su trabajo literario me ha mostrado nuevas formas de acercarme a la poesía, en particular, desde el sonido. Para mi la poesía es la herramienta que me permite entender los espacios que habito. Para nuestra  presentación en el Fieber Festival, Cristian y yo buscamos abrir al público esos íntimos espacios de los que hablo, por medio de la música. Pero antes que nada, creo que nuestra presentación fue un juego en el que él y yo secretamente participamos.

– ¿Por qué decidiste participar en el festival?
 

En el 2015 tuve la oportunidad de colaborar con la moderación del Fieber Festival. Esta actividad me permitió ganar una amplia perspectiva del evento pues pude observar la dínamica del grupo detrás de bambalinas como lo que sucedía en el escenario y la reacción del público. A diferencia de otros festivales a los que he asistido y aquellos en los que he participado como organizadora, el Fieber se diferencia en lo horizontal que es su organización. Pude ver como, a pesar de los limitados recursos, las organizadoras y las artistas trabajaban con invaluable entrega y pasión. De igual manera pude ver como esta labor de amor era recibida por el público de igual manera.

El espíritu del Fieber es crear no solo una plataforma para que las artistas hispanohablantes presenten su trabajo pero es un espacio que busca transformar las dinámicas sociales de la ciudad y contribuir en hacer de Berlín un lugar realmente incluyente. Recuerdo que, micrófono en mano, lloré durante la presentación musical de Die Kabronerinnen. Me embargo un repentino sentimiento de alegría y tristeza, un descubrir que había tenido que vivir cinco años en Berlín para poder finalmente encontrar a Colombia y Latinoamérica. Si algo es me pareció que era el Fieber, era este momento de hermandad, esperanza, y ausencia. Creo que fue ésta experiencia la que me motivó a participar este año como poeta.


– ¿Cuáles son tus próximos pasos?

 
Aunque la poesía me persigue a donde vaya, este año he estado dedicada al cuento corto y al ensayo. Ahora me encuentro trabajando en un proyecto de escritura que se mueve entre el relato personal y el ensayo. Para este año quiero terminar este texto, el cual busca investigar las relaciones de género y raza a través de las historias que rondan en mi familia.
Si quieres leer más sobre esta artista, no dejes de visitar su perfil.
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Fotografías por Justina Leston

Entrevista por Justina Leston y Daniela Carvajal del Team Blog

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Fieber – Quem somos?

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Haus 13 – Fieber Festival – Foto: Daniela Carvajal

Escrito por Luiza Spotorno

O Fieber é – e foi –  um ritual que, ao final, nos deixou febris. Quem lê a programação dos quatro dias presume que haverá, junto com exposições, sessões de performances, projeções, recitais, shows – organizadas esquematicamente. O que o público ainda não sabe, até chegar ao Fieber, é que todo o festival é um ritual performativo, um ritual de dar e receber. Durante cada intervalo entre shows, artistas, público e equipe interagem na sala principal. Pode-se ouvir muito espanhol, português, inglês, alemão ou a língua em que cada um consegue se comunicar melhor. O importante aqui é a abertura para expressar-se.

As portas para os espetáculos se abrem, e se não há assentos para todos, ainda cabem todos aqueles que quiserem entrar; pode sentar onde quiser. Vêm crianças, vêm cachorros que latem e choram junto com os aplausos, durante o silêncio, entre atos e durante atos. A equipe técnica é a primeira a entrar no palco: começam a organizar o cenário para a(o) próxima(o) artista. Há que varrer, conectar fios, trazer o som para mais perto, um pouquinho mais, testar microfone: tudo sob a luz do palco em que esperamos por personagens a nos inspirar. Esperamos por esses personagens incendiados, a virem e a nos aquecerem também. Assim, fazemos – todos – parte do show e de um diálogo – artistas, audiência e equipe.

Fotógrafas, mais discretas, também ardentes, esperam pacientemente entre um clique e outro. Em que momento clicar? Entre os silêncios, esperamos para ver se o show acabou ou não. Já aplaudimos? Esperamos mais alguns segundos. O sinal do artista nos anuncia que sim, esse foi seu instante. E nosso instante, ao assistirmos, ao recebermos de mente e coração abertos o sentir e as novas formas de ver. Assim apreendemos esse ritual-festival, cada um com seu fogo interno, em sua forma de se manifestar, receber e ler o ato do outro. Até o momento do aplauso final, o cruzar a porta de saída. Saímos de volta pelas ruas chuvosas de Berlim, mas nem tudo está como antes, como quando chegamos. Caminhamos, agora, aquecidos.

Bibiana Candia - Foto Daniela Carvajal - Fieber Festival
Bibiana Candia – Foto Daniela Carvajal – Fieber Festival 2017

Uma das várias talentosas artistas que mais me marcaram no Fieber foi Bibiana Candia, escritora espanhola, que recitou poesias do seu livro Las trapecistas no tenemos novio. Depois, buscando mais informações sobre a autora, encontrei uma entrevista sua online, em que explicava um pouco sobre sua concepção literário-criativa. Bibiana conta que tem a ambição de, através de sua escrita, permitir que o leitor olhe com outros olhos situações rotineiras que podem ser bastante violentas e que estamos acostumados a vivenciar como “naturais”.

A apresentação do seu livro no Fieber conseguiu resumir bem o que o festival representa. Uma luta diária e constante por desconstruir e reconstruir uma realidade que nos veio pronta, mas que pode ser modificada, não com pouco esforço. A obra faz homenagem precisamente a essas mulheres corajosas, que historicamente foram e seguem sendo privadas de modificar sua realidade, mas que lutam por fazê-lo mesmo assim, ainda que isso possa ter um alto preço.

Texto dedicado a todas las trapecistas del Fieber.

 

Proyecto colaborativo made in the Fieber Festival.

El Fieber Festival se encargó de cruzar los caminos de las escritoras Bibiana Candia , Andrea Blanco (Anbla Bärlín) y la fotógrafa Ana Correia. De este afortunado encuentro surgió un proyecto de escritura creativa a partir de series de imágenes, el cual les presentamos con mucha emoción a continuación. Nosotras estamos felices con el resultado y esperamos que nuestros textos y fotos les roben una sonrisa. ¡Qué disfruten!



SECUENCIA 1:

1

Geografía para moluscos por Anbla Bärlín.

Una se levanta a la lavarse la cara con esa agua helada que baja del arroyo. Una coge su platón destartalado, lo llena despacito, en estas veredas donde no se habla de presión sino de lo generoso del deshielo en el año en curso.

Una se recoge el pelo, esa trenza perpetua de tres hebras  indesbaratables, que brilla como atrayendo luz a ese color platino. A esa vida que va volviéndose blanco y negro.

Ya la cara limpia y las manos entumecidas, una busca el hueco de la teja del patio para ver si hoy hay suerte y el cielo en su misericordia de abril le regala a esta humilde servidora un rayito espanta invierno, un espacio pequeño adonde mover la butaca y sentarse a sorber puchitos café.

2

El gato me gana, y me extiende sus patas, como explicándome que sí calienta, que hoy sí hay sombra, que venga y le sobe la barriga a ver si se anima a morderme y a salir corriendo.

El café humeante en la taza de barro que ha resistido la torpeza de ocho niños aprendiendo cómo no derramarse todo, le va devolviendo el color a las uñas violáceas, empaña el espejo donde los más pequeñitos se veían los dientes de leche y se los cepillaban con ganas para mostrarle a los mayores cuán buenos eran haciendo cosas de grandes.

Mi cuello de cisne, cada vez más cerca, del universo inferior de obstáculos de extremidades de 3 añitos, me muestra las manos que han desgranado más mazorcas de los números que llego a contar, han hilado más husos que las ovejas que por estos lares se han visto pastar, han abrazado más niños sin ganas de ir a la escuela de los que está matriz parió a lo corto de doce años.

Los quehaceres, tejemanejes y porsiacasos de esta mujer que un día como hoy se levanta en su desmoronada casa a observar su desmoronada vida a hervirse agua, abrir panes duros por la mitad, esperar si alguien la llama, y buscarse caracoles que recorran el montañoso y fracturado altiplano de sus brazos.

5

Seres a quienes les da igual si es una hoja verde y tersa o es la piel callosa, las líneas profundas, las palmas resistentes a cualquier vaina de hortaliza, por la que se deslizan con esas dos antenas en busca de respuestas, de coordenadas que yo solo aprendí dar en función del color de los árboles.

Nunca se los ha visto empecinados en ir en línea recta, sino en dejar la estela visible y húmeda de su paso. Una estrellita fugaz babosa en la más lenta de las cámaras, cargando orgullosamente o sin alternativa su hogar, nunca pidiendo ni ofreciendo posada. Simplemente siguiendo el más molusco de los destinos.

Despertarse a su rutina de abrirse paso a través de las plantas, de la falta de vergüenza de su transparente cuerpo, de ofrecer un tacto frío que está fulana agradece, que se levanta a buscar entre el rocío de los girasoles.

Seres que enternecen sus pupilas de parpados caídos, que le hacen girar las manos que nunca tuvieron tiempo ni oportunidad de experimentar la danza, que ahora solo persiguen el fin de que el caracol y su casa no se caigan por el barranco del antebrazo o por el cañon de la muñeca.

Llamar a este criaturo, otro más de los suyos, observarlo despertar, abrir los minusculos ojos al mundo, irse a la civilización y el progreso del que ya no volverá, donde comprará una casa que no podrá cargar de vuelta, donde no extrañará las manos, por poco centenarias, que le sirvieron café y chocolate, ni la desentonada voz que improvisa canciones del campo para  la atenta audiencia de vástagos ausentes y de caracoles sordos.

4


Memoria de árbol por Bibiana Candia.

Por el hueco de mis manos pasaba a diario un río, que limpió de ellas tierra suficiente como para enterrarme viva y fue matándoles los nervios uno por uno. Las utilicé como a esclavas, no tuve piedad de ellas.

Amasaron pan y cortaron carne, deshuesaron piezas que estuvieron vivas, alimentaron aves. Las manché de sangre porque las metí en heridas, empuñé cuchillos y me saqué del vientre a mis criaturas con mis propias manos. De rodillas y sola, como parimos las hembras de campo.

Estas manos mataron sin maldad para comer, cortaron hierba con furia y arrancaron patatas del fondo mismo de la tierra, con el ansia de los animales cuando buscan su sustento.

3

Míralas bien hija y no lo olvides, éstas que ahora son ramas de árbol y dan cobijo a los pajaritos cansados, un día fueron  manos furiosas que tiraron piedras, éstas que limpiaron toda la suciedad del mundo pensando que así se dignificaban, son hoy la corteza que alimenta a los indefensos y a los frágiles.

Porque esto somos y sólo esto nos alimenta, hija mía, somos lo infame y lo sombrío, somos las heridas que sobrevivimos, la suciedad que nos precede, todo lo que nos ha alimentado y la huella que dejamos en la tierra. Aprende y no tengas miedo de mirar de cara a lo oscuro, un día tus manos también se cubrirán de corteza y no hay nada más triste que un árbol que no sabe cómo dar sombra.



SECUENCIA 2: 

a

El plan por Bibiana Candia

Poemas pequeños
               como dientes de planta carnívora,
que se metan bajo las uñas
y cuando el lector se frote los ojos
               (porque no pueda creer lo que lee)
se le claven en las pupilas.

Que desde ese día sienta dolor
                                                          al mirar a la luz

y recuerde con nostalgia su vida antes de conocerme.

b

-Sin título- por Anbla Bärlín.

Las palabras piedra, papel y tijera
son un orden aleatorio.
Elementos en singular,
ni unidos,
ni separados,
listados como las más equitativas de las opciones,
cuyas propiedades no tienen como ponerse a la par,
a la trío.

Piedra, papel y tijera
conjuncionadas disyuntivamente
Siéndoles arrancada la posibilidad copulativa.
La avaricia de escogerlas todas,
de sentirse dueño de sus superpoderes.
Aprendidos en los patios de escuela
de tardes a la sombra.

c

En frases separadas serían más fuertes.
En la individualidad de sus materiales y aplicaciones,
de su desempeño a la luz de gustos personales,
de su familiarización con una vida diaria.

Piedra desarmante de asteroides
y creadora de estrellas fugaces.
Tijera definidora de intrínsecos patrones
de manos finas con motricidad.
Papel transmisor de mitos, leyendas e historia,
y su delicada línea.

Piedras en derrumbe dejando sin casas
a los habitantes de los altos cinturones de miseria.
Tijeras que destruyen documentos sin copia
de pruebas de estafas y sobornos
Papeles con símbolos que ilusos
plasman los sonidos del mundo
y estandarizan convenciones
según alfabetos históricamente suertudos.    

Piedra que mide la edad de la tierra de la Tierra,
de ese planeta obviado
como referencia de todos los elementos.
De vida dizque inteligente.

Pido en su nombre
una hoja de silencio por cada árbol muerto,
para darme a mí el espacio de tomar notas
de arrugar insatisfactorios borradores,
de empuñar bolígrafos de todos los calibres,
de ver tinta deshacerse al viento, o bajo el agua.

Ofrezco una reverencia leve, sentida y apenada,
con párpados a medio cerrar,
sobre el papel del Papel en mi vida,
y mi uso,
como humana también dizque inteligente,
de él.

 

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