Proyecto colaborativo made in the Fieber Festival.

El Fieber Festival se encargó de cruzar los caminos de las escritoras Bibiana Candia , Andrea Blanco (Anbla Bärlín) y la fotógrafa Ana Correia. De este afortunado encuentro surgió un proyecto de escritura creativa a partir de series de imágenes, el cual les presentamos con mucha emoción a continuación. Nosotras estamos felices con el resultado y esperamos que nuestros textos y fotos les roben una sonrisa. ¡Qué disfruten!



SECUENCIA 1:

1

Geografía para moluscos por Anbla Bärlín.

Una se levanta a la lavarse la cara con esa agua helada que baja del arroyo. Una coge su platón destartalado, lo llena despacito, en estas veredas donde no se habla de presión sino de lo generoso del deshielo en el año en curso.

Una se recoge el pelo, esa trenza perpetua de tres hebras  indesbaratables, que brilla como atrayendo luz a ese color platino. A esa vida que va volviéndose blanco y negro.

Ya la cara limpia y las manos entumecidas, una busca el hueco de la teja del patio para ver si hoy hay suerte y el cielo en su misericordia de abril le regala a esta humilde servidora un rayito espanta invierno, un espacio pequeño adonde mover la butaca y sentarse a sorber puchitos café.

2

El gato me gana, y me extiende sus patas, como explicándome que sí calienta, que hoy sí hay sombra, que venga y le sobe la barriga a ver si se anima a morderme y a salir corriendo.

El café humeante en la taza de barro que ha resistido la torpeza de ocho niños aprendiendo cómo no derramarse todo, le va devolviendo el color a las uñas violáceas, empaña el espejo donde los más pequeñitos se veían los dientes de leche y se los cepillaban con ganas para mostrarle a los mayores cuán buenos eran haciendo cosas de grandes.

Mi cuello de cisne, cada vez más cerca, del universo inferior de obstáculos de extremidades de 3 añitos, me muestra las manos que han desgranado más mazorcas de los números que llego a contar, han hilado más husos que las ovejas que por estos lares se han visto pastar, han abrazado más niños sin ganas de ir a la escuela de los que está matriz parió a lo corto de doce años.

Los quehaceres, tejemanejes y porsiacasos de esta mujer que un día como hoy se levanta en su desmoronada casa a observar su desmoronada vida a hervirse agua, abrir panes duros por la mitad, esperar si alguien la llama, y buscarse caracoles que recorran el montañoso y fracturado altiplano de sus brazos.

5

Seres a quienes les da igual si es una hoja verde y tersa o es la piel callosa, las líneas profundas, las palmas resistentes a cualquier vaina de hortaliza, por la que se deslizan con esas dos antenas en busca de respuestas, de coordenadas que yo solo aprendí dar en función del color de los árboles.

Nunca se los ha visto empecinados en ir en línea recta, sino en dejar la estela visible y húmeda de su paso. Una estrellita fugaz babosa en la más lenta de las cámaras, cargando orgullosamente o sin alternativa su hogar, nunca pidiendo ni ofreciendo posada. Simplemente siguiendo el más molusco de los destinos.

Despertarse a su rutina de abrirse paso a través de las plantas, de la falta de vergüenza de su transparente cuerpo, de ofrecer un tacto frío que está fulana agradece, que se levanta a buscar entre el rocío de los girasoles.

Seres que enternecen sus pupilas de parpados caídos, que le hacen girar las manos que nunca tuvieron tiempo ni oportunidad de experimentar la danza, que ahora solo persiguen el fin de que el caracol y su casa no se caigan por el barranco del antebrazo o por el cañon de la muñeca.

Llamar a este criaturo, otro más de los suyos, observarlo despertar, abrir los minusculos ojos al mundo, irse a la civilización y el progreso del que ya no volverá, donde comprará una casa que no podrá cargar de vuelta, donde no extrañará las manos, por poco centenarias, que le sirvieron café y chocolate, ni la desentonada voz que improvisa canciones del campo para  la atenta audiencia de vástagos ausentes y de caracoles sordos.

4


Memoria de árbol por Bibiana Candia.

Por el hueco de mis manos pasaba a diario un río, que limpió de ellas tierra suficiente como para enterrarme viva y fue matándoles los nervios uno por uno. Las utilicé como a esclavas, no tuve piedad de ellas.

Amasaron pan y cortaron carne, deshuesaron piezas que estuvieron vivas, alimentaron aves. Las manché de sangre porque las metí en heridas, empuñé cuchillos y me saqué del vientre a mis criaturas con mis propias manos. De rodillas y sola, como parimos las hembras de campo.

Estas manos mataron sin maldad para comer, cortaron hierba con furia y arrancaron patatas del fondo mismo de la tierra, con el ansia de los animales cuando buscan su sustento.

3

Míralas bien hija y no lo olvides, éstas que ahora son ramas de árbol y dan cobijo a los pajaritos cansados, un día fueron  manos furiosas que tiraron piedras, éstas que limpiaron toda la suciedad del mundo pensando que así se dignificaban, son hoy la corteza que alimenta a los indefensos y a los frágiles.

Porque esto somos y sólo esto nos alimenta, hija mía, somos lo infame y lo sombrío, somos las heridas que sobrevivimos, la suciedad que nos precede, todo lo que nos ha alimentado y la huella que dejamos en la tierra. Aprende y no tengas miedo de mirar de cara a lo oscuro, un día tus manos también se cubrirán de corteza y no hay nada más triste que un árbol que no sabe cómo dar sombra.



SECUENCIA 2: 

a

El plan por Bibiana Candia

Poemas pequeños
               como dientes de planta carnívora,
que se metan bajo las uñas
y cuando el lector se frote los ojos
               (porque no pueda creer lo que lee)
se le claven en las pupilas.

Que desde ese día sienta dolor
                                                          al mirar a la luz

y recuerde con nostalgia su vida antes de conocerme.

b

-Sin título- por Anbla Bärlín.

Las palabras piedra, papel y tijera
son un orden aleatorio.
Elementos en singular,
ni unidos,
ni separados,
listados como las más equitativas de las opciones,
cuyas propiedades no tienen como ponerse a la par,
a la trío.

Piedra, papel y tijera
conjuncionadas disyuntivamente
Siéndoles arrancada la posibilidad copulativa.
La avaricia de escogerlas todas,
de sentirse dueño de sus superpoderes.
Aprendidos en los patios de escuela
de tardes a la sombra.

c

En frases separadas serían más fuertes.
En la individualidad de sus materiales y aplicaciones,
de su desempeño a la luz de gustos personales,
de su familiarización con una vida diaria.

Piedra desarmante de asteroides
y creadora de estrellas fugaces.
Tijera definidora de intrínsecos patrones
de manos finas con motricidad.
Papel transmisor de mitos, leyendas e historia,
y su delicada línea.

Piedras en derrumbe dejando sin casas
a los habitantes de los altos cinturones de miseria.
Tijeras que destruyen documentos sin copia
de pruebas de estafas y sobornos
Papeles con símbolos que ilusos
plasman los sonidos del mundo
y estandarizan convenciones
según alfabetos históricamente suertudos.    

Piedra que mide la edad de la tierra de la Tierra,
de ese planeta obviado
como referencia de todos los elementos.
De vida dizque inteligente.

Pido en su nombre
una hoja de silencio por cada árbol muerto,
para darme a mí el espacio de tomar notas
de arrugar insatisfactorios borradores,
de empuñar bolígrafos de todos los calibres,
de ver tinta deshacerse al viento, o bajo el agua.

Ofrezco una reverencia leve, sentida y apenada,
con párpados a medio cerrar,
sobre el papel del Papel en mi vida,
y mi uso,
como humana también dizque inteligente,
de él.

 

d

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